La autoridad que Sophie emanaba en esos momentos era tan grande que Hampton se veía totalmente intimidado, quedó perplejo ante el cambio sorprendente que ella había experimentado. Sus rasgos eran los mismos, pero la mirada profunda y segura que ahora portaba contrastaba fuertemente con la inocencia de aquella joven de antaño de la cual llegó a maltratar a su antojo. Si no fuera por la familiaridad de sus ojos y la cadencia de su voz, habría jurado que era otra mujer completamente distinta a aquella chiquilla que una vez conoció años atrás. — Vaya que eres cínico, John Hampton. Mira que ofrecerme una propiedad que se encuentra hipotecada es algo que solo una persona sin sentido de la moral podría hacer. — ¿Cómo lo sabes? — Después de Dios, yo soy la que más conoce los oscuros secretos no

