Sophie llegó a la mansión y fue ayudada por Giancarlo, él durante esos cinco años de matrimonio se había portado como todo un caballero y la ayudó mucho en el trayecto de aprender los modales debidos para que nadie pudiera humillarla. — Tengo que salir — Giancarlo miró a Sophie mientras se sentaba delante del espejo — hay cosas que debo de hacer. — ¿Qué cosas? — ella lo miró mientras frotaba sus manos y se aplicaba crema — no me engañes, sabes bien que es inútil hacerlo. — Iré donde los Di Veneto, pienso decir lo que ellos ignoran por completo y es que están en la bancarrota. Pobres idiotas. — No, no vas a ir solo — Sophie se levantó y fue en dirección a su clóset — recuerda que esta batalla no es solo tuya, a los dos nos hicieron demasiado daño. — ¿Sabes? A veces pienso que a la pers

