Prologo

543 Words
SERGEI Meses antes. Mis ojos se detuvieron en la esquina más oscura de la cafetería. Allí estaba ella. Sentada junto a una ventana, con una taza entre las manos, tan absorta en su propio mundo que ni siquiera notó que el mío se detuvo en seco. La primera vez que la vi, fue como si el mundo hubiera dejado de girar. Todo lo que me rodeaba se desvaneció, quedando solo ella. Tenía una belleza que perforaba el alma, una perfección tan abrumadora que me dejó sin aliento. Su mera presencia me hacía cuestionar todo lo que había creído muerto en mí. Algo se agitaba, profundo y salvaje, bajo el hielo que había sellado mi corazón. No. Esto no podía estar pasando. Había enterrado ese lado de mí, lo había sofocado con el peso de mis fracasos y del dolor. ¿Por qué ella lo despertaba ahora? ¿Qué tenía esa mujer que me hacía sentir como si mi corazón estuviera arrancándose de mi pecho? ¿Qué era este deseo primitivo, esta necesidad de protegerla, de tenerla? No debería sentir esto. No puedo sentir esto. No después de lo que me prometí cuando la única mujer que amé me despreció. Juré no volver a caer en esta trampa, a ser débil otra vez. Entonces, ¿por qué ahora? ¿Por qué ella? Su cabello, de un dorado cálido como la miel, se derramaba en ondas suaves sobre sus hombros. Sus ojos, de un azul tan profundo que parecían contener la vastedad del cielo, me miraban sin verme. Su piel, casi de porcelana, contrastaba con las largas pestañas que enmarcaban esa mirada... esa maldita mirada de muñeca rota que me hacía desear cosas que no debería. A su lado, una niña que podría ser su réplica perfecta. Dos figuras tan frágiles y delicadas que parecían ajenas al mundo sucio que yo habitaba. Perfección. Esa es la palabra que me viene a la mente. Pero en mí no hay espacio para lo perfecto, solo para lo roto, lo sucio. Y no hay nada más sucio que yo. Y aún así, una llama ha comenzado a encenderse. Algo que nunca creí posible. Una calidez desconocida que quema mis cicatrices, derritiendo el hielo que había sellado mi alma. No debería sentir esto. No puedo permitirme sentir esto. No para un hombre como yo. He visto la belleza antes, he tocado la perfección solo para destruirla. Pero esta mujer... me hace recordar lo que perdí, lo que ya no puedo tener. Y eso me enfurece tanto como me atrae. No soy un buen hombre. Nunca lo he sido. Mis manos están teñidas de sangre, y cualquier cosa que toque, la destruyo. Si me acerco a ella, la mancharé, la romperé, como todo lo que he tenido alguna vez. Pero no puedo alejarme. La necesito. La deseo. Ese pensamiento me golpea como un puño en las entrañas. No me merezco algo tan puro. Sin embargo, no importa. Porque soy egoísta, un maldito hijo de puta. Y voy a hacerla mía. No puedo evitarlo, ni quiero hacerlo. La protegeré, sí. Pero no solo porque lo necesita. La protegeré porque ahora... ahora es mía. La pregunta ya no es qué hago ahora. La pregunta es, ¿Cómo voy a tomarla sin destruirla?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD