Tal vez, debí haber elegido ser una espía rusa, aquellas historias eran famosas y probablemente hubiera sido mejor que esto de ser cenicienta. Entonces, no necesitaría de un príncipe, podría haber ido sobre la marcha con un amor imposible. O simplemente podría ser una chica misteriosa con un gran secreto en su bolso y una fecha final marcada en su calendario que nunca tuvo el valor de hacer realidad. No estaría muy lejos de la verdad, pero tampoco lo estaba de todas mis mentiras. Di otra vuelta en mi cama sin poder dormir ni un poco y entonces, la puerta se abrió y François entró despreocupado. Francamente no me sorprendía, le había tomado demasiado tiempo hacerlo. —No confío en ti —dijo y me senté en la cama lentamente, mi cuerpo se sentía fatigado a diferencia de mi mente —. Siento que

