La habitación era fría con sus tonos grises y la gran mesa plateada que se extendía en su centro, parecía ser una habitación típica para reuniones donde las partes podían sentarse frente a frente y llegar a un acuerdo. Yo ya me encontraba sentada en el lado derecho junto a mi abogado, el cual había pagado con el dinero que el estado me había dado como indemnización sobre lo ocurrido con mi madre. Habían sido dos meses llenos de recuerdos mientras las demandas se realizaban y conocía un lado de mi país tan hermoso como la vida misma. El hombre a mi lado era bastante bueno en casos de divorcio, pero, el gran problema es que era su primera vez tratando con un divorcio de tal magnitud. Cuando le hablé al respecto la primera vez, no me creyó, pensó que le estaba haciendo una broma. No, no lo er

