Sander
Anoche habĂa sido alucinante, en realidad todo estĂ© tiempos habĂa sido alucinante, Diego me complacĂa en todos los sentidos, era una lástima que ninguno de los dos buscáramos ese tipo de relaciĂłn, creo que tal vez en otra vida podrĂamos haber sido buenos novios, pero hasta está vida solo podĂamos ser amigos con ventajas, folliamigos o como fuera que le pudiĂ©ramos llamar a lo que tenĂamos.
Al sonar el timbre volvĂ a la realidad, todos estaban guardando sus cosas, está era mi Ăşltima clase por lo que estaba feliz de ello, salĂ de la sala y caminĂ© por los pasillos de la universidad, para salir eh irme a novato donde ahora vivĂa solo por quĂ© MartĂn se habĂa mudado hace unos dĂas con Joshua, estaba concentrado en escuchar la mĂşsica que me transmitĂan mis audĂfonos, mientras seguĂa caminando, no me habĂa dado cuenta de que alguien me hablaba y seguĂa hasta que me tocĂł el hombro, me volvĂ al tiempo que sacaba uno de los audĂfonos.
—Al fin, eh tratado de alcanzarte desde que saliste de la sala— exclamĂł MartĂn.
—Si, lo siento, no te eh escuchado— apuntĂ© los audĂfonos para luego sacarlos por completo y guardarlos en mi bolsillo.
—¿QuĂ© te parece si vamos a comer por ahĂ y hablamos? — preguntĂł sonriendo— sĂ© que siempre tienes hambre y aparte hace dĂas que no hablamos.
—Está bien vamos— empezamos a caminar fuera de la universidad.
—Los exámenes están cada vez más difĂciles— dijo frustrado.
—Si, pero tĂş tienes la ventaja de tener a uno de los mejores alumnos de la carrera para que te ayude y explique— dije alzando las cejas sabiendo que tenĂa razĂłn, Joshua era uno de los mejores.
—Si la tengo— suspiró— pero tambiĂ©n te tengo a ti, todos saben que estás entre los mejores, que ¡todavĂa no puedo creer que hallas tenido la mejor nota de la clase! — exclamĂł emocionado.
—Si, Tampoco puedo creerlo, es impresionante, ayer estaba tan emocionado que no pude evitar pedirle a Diego una celebración extremadamente larga, alucinante y excitante— comenté mordiendo mi labio ante el recuerdo.
—Apropósito de eso, ¿Siguen? — preguntó curioso.
—Si ÂżPor quĂ©? — preguntĂ© sin importancia— que quieres que te diga, es alucinante, nadie me habĂa hecho llegar tan alto— comentĂ© sonriendo un cosquilleo en mi estĂłmago bajo.
—Lo digo por quĂ© ya han pasado más de tres semanas lo que significa que cumpliste la apuesta o reto no recuerdo lo que era— dijo MartĂn mientras alzaba la mano a un taxi.
Mi sonrisa se fue en el instante, ÂżHabĂan pasado las tres semanas? ÂżCuándo?
El taxi parĂł y nos subimos, saquĂ© mi celular para ver a cuánto estábamos y efectivamente llevábamos 5 semanas follando, lo que significaba que llevábamos 1 mes y 1 semana, pero para mĂ el tiempo habĂa pasado muy lento, demasiado lento, no entendĂa, sentĂa como si hubieran pasado 2 semanas, pero luego empecĂ© a recordar todas las folladas y claramente habĂan pasado más de un mes.
No sabĂa que era está sensaciĂłn, mi pecho se apretĂł a la idea de dejar de tener sexo con Ă©l, podrĂa ser por quĂ© extrañarĂa su polla, debĂa ser eso, saquĂ© la vista de mi celular y lo guarde.
Ya estábamos llegando al centro de la ciudad por lo que bajamos al frente de un centro comercial, subimos al tercer piso para encontrar un local de comida.
Pedimos la comida y luego la llevamos a las mesas que estaban en la terraza del centro comercial, corrĂa un poco de viento por lo que las plantas en maceteros cerca de las mesas se movĂan, comimos mientras hablábamos de lo que habĂa pasado los Ăşltimos dĂas en los que no habĂamos hablado.
—¿Diego sabe que es una apuesta? — preguntĂł de repente parece que se habĂa dado cuenta que mi anillo habĂa bajado un tanto desde que me habĂa recordado la culminaciĂłn del tiempo de la apuesta.
—No, nunca se lo comentĂ© por que al principio me parecĂa un hijo de puta molesto y porque no pensaba dejar que me follara, pero luego pasĂł, me gusto, lo repetimos y se me olvidĂł que era una apuesta hasta que volviste a recordarlo— dije mientras fijaba la vista en la mesa y movĂa la servilleta, tratando de distraer mi mente.
—¿Crees que se moleste? — preguntĂł, podĂa sentir como me veĂa no querĂa levantar la vista.
—No sé, lo que siento es que si se lo digo no tendré más motivos por los que seguir follando con él y tendré que dejar de verlo— comenté.
—No tiene que ser del todo asĂ, puedes seguir follando con Ă©l y ya, o solo dejen de follar, pueden seguir viĂ©ndose.
—Temo que si le digo dirá, bien entonces no hay necesidad de seguir follando, Ă©l no repite, soy su excepciĂłn, por lo que le darĂ© otro motivo para que dejemos de follar y aunque tambiĂ©n me dijo que seguirĂamos siendo amigos será muy incĂłmodo— expliquĂ©.
—Si, valla mierda— comentó— viendo tu situaciĂłn me siento muy agradecido de haberle dado soluciĂłn a nuestros problemas con Joshua, porque o si no tal vez estarĂa con los mismos dilemas.
—Realmente eres afortunado de que sea recĂproco su amor— hablĂ© y luego me arrepentĂ sonĂł como si le estuviera diciendo de que me gustaba Diego, pero no sabĂa si a Ă©l le gustaba, de solo pensarlo los bellos se me habĂan erizado, neguĂ© para sacar esos pensamientos indebido de mi cabeza.
—Lo soy— habló sonriente— hablando del rey de Roma— dijo al ver quien le estaba llamando— perdona— agregó levantándose para contestar.
Me echĂ© hacia atrás, apoyando mi espalda en el respaldo de la silla, soltĂ© un suspiro, mirĂ© al cielo nublado, ahora debĂa pensar el momento apropiado para decirlo.
Realmente me daba rabia sentir pena de contárselo o como se llamará el sentimiento que sentĂa, ni siquiera lo sabĂa con claridad solo querĂa sacarlo de mi pecho.
Él serĂa excelente como pareja, era cariñoso tierno, gentil y sobreprotector, la persona con la que fuera que tuviera esos planes que me habĂa contado era realmente afortunada de toparse con ese chico, el tipo a pesar de todo era una buena persona, lo que era difĂcil de encontrar en estos tiempos.
Sentà una vibración en el bolsillo de mi pantalón por lo que lo saqué para ver qué pasaba.
Era un mensaje de él.
El que se jode
Vendrás hoy, estoy realmente ansioso.
Jodido caliente.
Yo
Lo voy a pensar, estoy comiendo con alguien.
Si llego a ir será de noche.
El que se jode
O podrĂas solo mandar al carajo a la persona con quien estás y venir.
Yo
Convénceme.
¿Qué es tan maravilloso?
Como para que tenga que mandar al carajo a alguien.
Se demorĂł, pero de repente el celular volviĂł a sonar, habrĂa su chat encontrándome con algo realmente grande.
Una foto de su pene erecto, las venas de color moradas marcadas, la punta gruesa y brillante, su mano sujetando el falo, tan caliente, que no pude evitar jadear a la vez que sentĂa como mi virilidad empezaba a moverse para luego marcarse por sobre mi ropa, con la necesidad de explotar el orgasmo que empezaba a nacer por la provocativa imagen, mi cuerpo exigĂa ser complacido.
Me levantĂ© topándome con MartĂn cuando caminaba fuera de la terraza.
—Lo siento, tengo una situación, debo irme— dije sin siquiera pararme a explicarle solo seguà caminando para tomar un ascensor que me llevara a la salida del centro comercial, al tomar un taxi que me llevara a la dirección mi celular volvió a sonar.
El que se jode
ÂżFue suficiente?
O quieres algo más caliente.
ÂżUn video?
Al instante empecĂ© a escribir porque o si no Ă©l lo enviarĂa, lo sabĂa.
Yo
No hace falta, voy en camino.
El que se jode
Genial, estaré esperándote.
—¿Puede ir más rápido? Realmente voy con urgencia— pedà al conductor.
—Está bien— dijo acelerando, para mi suerte la autopista no estaba tan transitada, estaba oscureciendo.
Al estar en el condominio pagué rápidamente y caminé rápido hasta su casa, iba a tocar, pero me di cuenta de que estaba abierta, entre y cerré, fui a la sala deje mi mochila en el sofá, caminé por la casa para saber dónde estaba.
Luego escuché como música sensual estaba sonando desde su habitación.
Subà mientras venia desabrochando mi pantalón y desabotonaba mi camisa, al abrir la puerta de su habitación, él estaba desnudo esperándome, sacó la camisa y pantalones de mi cuerpo para luego lanzarme a la cama.
—Esta vez me toca a mi darte un castigo por llegar tarde— dijo subiéndose sobre mi para tomar una corbata que estaba en la cama y amarrar mis muñecas al respaldo de la cama.
—Bien, estoy preparado, que será— dije aceptando mi castigo.
—Tu castigo será no correrte hasta que lo permita— dijo acercando su rostro al mĂo y pasando la punta de su lengua por mis labios— vuelvo en un momento.
SaliĂł de la habitaciĂłn, estaba un poco nervioso.
ÂżQuĂ© habrĂa ido a buscar?
TambiĂ©n estaba nervioso porque no sabĂa si decirle justo en el momento en el que volviera.
Al volver traĂa un dildo, lubricante y muchos condones, al parecer planeaba mucho sexo y otra cosa que parecĂa una argolla, pero grande.
volviĂł a subirse sobre mĂ, dejo todo sobre la cama, tomo la argolla.
—Esto va aquĂ— dijo tomando mi pene erecto y haciĂ©ndolo bajar por toda mi longitud, estaba helado, no dije nada, solo me erice, sonriĂł malicioso, tomo mis caderas y me dio vuelta dejándome contra las almohadas y mi trasero expuesto, levante mi cabeza girĂ© mi rostro para ver quĂ© es lo que hacĂa.
AcariciĂł mi trasero para luego darme una nalgada a la cual gemĂ y jadiĂ© al mismo tiempo, volviĂł a acariciar mi enrojecido cachete, tomo mis caderas y alzo mi trasero, quedando en cuatro, abriĂł mis piernas y bajo su cabeza beso en medio de mis hoyuelos que estaban en la parte baja de mi espalda, arqueando mi espalda, saco su lengua y la paso por toda mi columna vertebral hasta llegar a mi nuca donde volviĂł a besar, sentĂ como pegaba su sexo en mi trasero, mientras que tomaba mi rostro y besaba intensamente, al separarnos me mirĂł a los ojos para luego acercarse a mi oĂdo— recuerda que siempre puedes pedirme que pare— susurrĂł la mĂşsica no estaba tan fuerte por lo que escuché— la argolla reprime tu orgasmo, cuando sienta que has cumplido tu castigo la sácate y podrás correrte— dijo mientras tomaba el lubricante y lo echaba en sus dedos, luego lo llevo a mi entrada e introdujo el primer dedo.
GemĂ apretando su dedo en el proceso, el lo empezĂł a mover, luego adentro el segundo, embistiĂł un par de veces y luego hizo tijeras para estirarme, el me veĂa gemir, pasaba su mano por mi columna hasta llegar a mi cabello donde agarraba y apretando, introdujo un tercero para luego seguir dilatando hasta que sacĂł sus dedos, mi entrada dilatada palpitaba buscando algo que apretar, despuĂ©s de unos segundos mi entrada fue llenada, el dildo se estaba adentrando en mĂ, era grande podĂa decir que del mismo tamaño que su virilidad.
EmpezĂł a embestir con este, lo hacĂa brutalmente, con fuerza, no podĂa aguantar mis gemidos, apretaba la corbata que sujetaba mis manos, mi boca mordiendo las almohadas, mi trasero parado sintiendo como me penetraba cada vez más fuerte con el dildo, sentĂ como empezaba a vibrar y jadiĂ© sorprendido, pero luego pedĂa por más, al vibrar el placer era doble.
—¿Lo estas disfrutando? — preguntaba Diego en mi oĂdo mientras seguĂa follandome con el dildo.
—Si!! muĂ©velo, más rápido— pedĂ mientras sentĂa como mi orgasmo se acercaba, el me obedeciĂł y lo empezĂł a mover aĂşn más rápido, al parecer habĂa subido la intensidad de las vibraciones lo que me hacĂa gemir aĂşn más— ooh si!! Ahhh ahhh— estaba tan cerca, solo un poco más, Ă©l lo sacĂł por completo y lo adentro con todas su fuerzas haciĂ©ndome gritar, no solo por el placer sino el dolor, no habĂa podido correrme, era verdad lo que me habĂa dicho Diego, no podrĂa correrme con la argolla puesta, estaba sollozando, querĂa correrme, mi polla dolĂa por no poder correrme, ahora estaba viendo el castigo, el seguĂ moviendo el dildo con la misma intensidad, sentĂ como me daba otra nalgada y luego besaba mi espalda baja, mis gemido de placer–Dolor aumentaban, la frustraciĂłn de no poder correrme me hacĂa gritar con más intensidad— por...por ahh por favor— roguĂ©.
—No, no, no, no todavĂa, soporta un poco más.
No podĂa, no podĂa aguantarlo querĂa solo soltar mis manos para arrancar la maldita argolla para que me dejara disfrutar del todo mi orgasmo.
Diego sacĂł el dildo para luego adentrase Ă©l, se sentĂa caliente y un poco más grueso, me follaba de una manera bestial, llevĂł sus dedos a mi boca, no pude evitar succionarlos, eso le hizo gemir, acercĂł su rostro a mi nuca dejando besos mientras me seguĂa follado, saco sus dedos de mi boca para bajarlos hasta mi pene empezĂł a masturbarme, solo querĂa correrme, estaba por llegar.
—Por favor, deja correrme— rogué.
—Lo harás — dijo empezando a subir la argolla, hasta que solo faltaban unos milĂmetros para que saliera por completo al estar fuera de mi cuerpo solo grite buscando mi liberaciĂłn, mi esperma, saliĂł con intensidad manchando todo mi abdomen y obviamente su mano la cual estaba sobre este, cerrĂ© los ojos y luego estaba todo n***o.