Por la mañana, Amaya cargaba a su hijo caminando de un lado a otro arrullando un poco entre sus brazos para que durmiera, sus ojos medio abiertos y sus manitas empuñadas lo hacían lucir como un pequeño guerreo. —No quiero ir a la oficina, quisiera quedarme todo el día a tu lado y contemplarlos cada segundo. —Debes ir a trabajar, lo dijiste anoche. —Resuelvo tan pronto como pueda y volveré tan rápido que no notarás mi ausencia. —Descuida, mi mamá está por llegar así que no estaremos solos. Kilian salió del departamento, durante el camino trabajaba en su teléfono móvil, movía sus dedos con bastante rapidez. —Bruno, ya programe el sistema de navegación del auto de Amaya, ahora sabremos donde está en tiempo real. Encárgate de colocar un sistema de rastreo, no quiero que vuelva

