Después de un día largo, pesado y con una pesadilla bastante perturbadora, Amaya, decidio dormir un poco quería descansar antes de que llegara Kilian a casa. Recostada en un cómodo sillón reclinable, Amaya, descansaba hasta caer en un profundo sueño. El aroma de un perfume conocido la despertó, al abrir los ojos lo primero que vió fue un apuesto caballero sentado frente a ella. —¡No tienes idea de cuánto te extrañé amor mío! —¡ También te extrañé bastante! ¿Tienes mucho que llegaste? —¡Quizá media hora o un poco menos! —¿Porque no me hablaste? —Por que te ves hermosa mientras duermes y contemplar tu bello rostro me provoca mucha paz. Kilian se acercó y acarició su vientre con delicadeza hablándole a su pequeño bebé. —¡He regresado mi pequeño! —¿Tu pequeño? —En efecto,

