Leonel dibujaba una estúpida sonrisa de satisfacción y triunfo la cuál le impedía observar a su hija. Los colmillos de Amaya aparecían entre sus labios rojos, sus ojos furiosos eran en su totalidad rojo sangre, brillaban en la oscura noche como brazas de fuego encendidas. Leonel pasó frente a ella con Malik en sus brazos con pasos firmes y seguros, el bebé lloraba desconsolado levantando sus pequeñas manos para poder tocar a su madre. —Nos veremos pronto querida hija. Tan pronto el pequeño crezca y los odie, volveremos. —¿Volver? ¿Cómo piensas volver si no te irás a ningún lado? —Solo observa, di adiós tu hermana hijo. Xara gruñó al escuchar a Leonel, dando vueltas en su interior mostrando los colmillos, esperando para atacar en cualquier minuto. Amaya sujetó el brazo de Leone

