Leonel bajó al sótano llevaba en las manos una jeringa con un dudoso líquido dentro de ella. —¡Dejame salir papá, no quiero estar aquí! —Ya saldrás. Acercándose cautelosamente le inyectó un relajante muscular revuelto con un anestésico , Amaya trató de evitarlo pero no pudo hacer nada. Unos minutos después quedó profundamente dormida. Leonel la cargó y metió a su automóvil, echando las maletas en el porta equipaje salió de la mansión Baker a plena luz del día. El lobo que los vigilaba no vió a Amaya, pensó que seguía en casa y se quedó vigilando el lugar hasta la llegada de su jefe. Kilian pendiente de su teléfono no se dió cuenta que un automóvil los seguía de cerca. —Señor un auto nos sigue y es la señorita Zenda. —Se dió cuenta que no llevamos el dispositivo de rastreo.

