—Mi papá lo odia —me miró con lástima, se encogió de hombros. Abrió la puerta, Cebolla entró con una silla de ruedas. Comencé a negar, no me sentaré en una cosa de esas. —Lo siento Vero, no dejan salir de la clínica sino es sentada en esa silla —alcé las manos al cielo. No solo fue salir de la clínica, también el transporte. Tenían que llevarme en ambulancia hasta mi apartamento. Me sentía incómoda, el enfermero fue tajante porque yo no podía tener agitación. Debía realizar ciertos ejercicios para los pulmones, poco a poco volverán a su ritmo habitual. El problema es que no llegamos a mi apartamento, al bajarme, me di cuenta que me habían dejado en el conjunto donde quedaba el apartamento que Roland me había regalado. Sentí que la ira me invadía. El enfermero me llevaba a la recepción

