Raúl nos extendió las manos y cada una tomó un costado de su fibroso cuerpo, no sé por qué volvió a mencionarlo, gracias a Dios nadie lee los pensamientos, porque no he dejado de pensar en él, no porque me guste… ¿O sí? Algo en él me clama, pide atención. De salida tomé las llaves y sin querer la imagen de Timón regresó. Cada vez que salíamos nos lamía los zapatos a los tres. En esta ocasión nos quedamos en la puerta, fue Raúl quien suspiró, el perro era el causante del destrozo de las botas de sus pantalones, los cuales tienen orificios, por mi parte contuve las ganas de llorar y Lorena bajó la mirada, ella no ha superado el tema. Todos pensamos lo mismo, nadie se atrevió a decir una sola palabra. Fue Lorena quien rompió el silencio. —Supongo que la lamida de la suerte no va en esta oc

