CAPITULO QUINTO: LUNES, SEIS DIAS ANTES DE LA LLEGADA DE LOS METEORITOS

2053 Words
1 Mientras caminábamos por las pobladas calles Londinenses, yo trataba de ir a la par de Linnet. Ella, a pesar de tener puesto ese hermoso vestido, igual se movía con bastante rapidez. La joven Exploradora tenía los ojos bastante abiertos y completamente atentos. Me acerqué a ella y, de forma disimulada, le pregunté: - Linnet, querida ¿Qué es lo que haces? - Escucho los pensamientos de estos sujetos, deseo saber que piensan. Es el único modo de saber quién es el Androide- me contestó ella con la misma rapidez que tenía en sus movimientos - ¿A qué te refieres Linnet?- le pregunté con curiosidad - Recuerda que esa cosa es una maquina, lo que significa que sus pensamientos no serán para nada humanos- me respondió viendo a las personas al pasar haciendo que estas se sintiesen incomodas - Ya veo, aun así no se ve que estés siendo disimulada- le resalté. Ella se detuvo y me vio, dándose cuenta de sus actos me dijo - No soy buena en el trabajo encubierto, lindo- me respondió con una sonrisa de disculpas - Escucha, hoy tengo planeado ir a ver a mi amigo Timoteo ¿Qué tal si te lo presento? A lo mejor él ha visto algo o escuchado algo- le ofrecí sonriendo a lo que ella me respondió con un tono severo - Llévame con tu amigo, sin embargo te advierto que no estoy de humor para reuniones de té y esas cosas masculinas que tanto les gustan - Estaa bien- asentí un poco incomodo 2 Cuando llegamos a la casa de Tim, Linnet ya había relajado su mirada. Eso en parte me gustó debido a que esa búsqueda constante, con sus bellos ojos, estaba poniendo nerviosos a los que pasaban cerca o a los que se encontraban por allí. Ciertamente yo también estaba algo nervioso, tanto que no me había percatado en la oscura sombrilla que Linnet llevaba en su brazo. La casa de mi amigo era grande y poseía un exquisito jardín, también tenía una muralla de rejas que protegían aquella majestuosa mansión. La puerta de rejas tenía una campana en el centro para hacer sonar en cualquier momento, la cual no dudé en moverla para que nos atendieran. El sonido fue algo bajo pero el mayordomo de Tim, el señor Steve, no tardó en llegar y recibirnos con una sonrisa. - Pase joven Rumble, le avisaré al señorito Steel que llegó y con una adorable compañía- nos saludó Steve con un tono demasiado ceremonial - Gracias Steve- le respondí de manera muy jovial - Vaya, que señor tan halagador- señaló Linnet con cierto sarcasmo, viéndolo de forma atenta - Por favor, síganme- nos pidió Steve dirigiéndose para el jardín de la casa. Una vez adentro de la casa, salió de su habitación mi agradable amigo, el cual me recibió con una sonrisa. - ¡Vaya pero si es mi gran y estimado amigo John!- exclamó mi preciado amigo con los brazos abiertos- y al parecer vienes acompañado por alguien de aspecto adorable - Todos los hombres son tan cursis- se quejó Linnet con una mueca de asco- no tienen remedio - En realidad Timmy, ella es mi prima Linnet, viene de un país lejano y rara vez nos visita- la presenté con el debido respeto a mi amigo, el cual se quedo maravillado al verla - ¡Pero John! ¡Eso no es justo! ¡Nunca me habías contado nada acerca de ella!- me reprochó mi amigo, mientras terminaba de bajar las escaleras y tomaba la mano de Linnet para besarla- lo cual es una desgracia porque tú y yo hemos sido los mejores amigos desde nuestros años precoces. Timoteo Steel para servirle madame - ¡Ay, por la diosa! ¡Estoy en cursilandia!- exclamó Linnet con una expresión de repulsión y enojo en sus bellas facciones. Sacando su mano abruptamente de las manos de mí amigo. Dio vuelta la cabeza en señal de enojo, aunque un poco de rubor ya estaba en su rostro - Tendrás que disculparla timmy, ella viene de otra nación en la cual estas costumbres no son muy bien vistas- intenté justificarla esperando tener éxito al ver semejante escena - Lo que es una lástima, mi buen amigo, porque un caballero nunca deja de serlo. Incluso si se tratase de una nación distinta en donde estas costumbres falten, un caballero sigue siéndolo hasta el final de su vida. Aparte debo imaginar que este país del que esta adorable jovencita proviene debe ser muy pintoresco- se lamentó Tim al oir aquello - Oh, ni se lo imagina joven Steel- asintió con cierto orgullo la Exploradora de Grumsier - Amigo mío, tengo que hablar contigo por un momento- le pedí a Tim, con una sonrisa en mis labios, que parecía estar un poco forzada - ¿Y dejar a esta bella dama sola? ¡No lo creo! Al fin estoy feliz de ver que tengas compañía femenina a tu lado John, aunque sea un familiar tuyo, porque ese ostracismo tuyo me tenía muy preocupado amigo mío- me respondió Tim, totalmente eufórico y alegre ante tal situación - Está bien, muchachos- nos pidió Linnet la cual podía verse algo sonrojada- pueden hablar conmigo al lado - Bien, Tim escucha ¿Sabes del incidente de anoche con estas extrañas maquinas que aparecieron en los bosques?- le pregunté con verdadera curiosidad - ¡Pues claro que sí, John! Para serte franco, me sorprende que tú no estés en este momento allí, media Londres debe andar husmeando cerca de los restos de esas maquinas- me respondió, con una expresión de jovialidad muy bien justificada - Estuve allí, créeme, sin embargo te quiero preguntar si has visto algo fuera de lo común en estos últimos días- le pregunté, de una forma que no fue nada disimulada - ¿A qué te refieres con fuera de lo común?- preguntó él, totalmente extrañado - Me refiero a algo o alguien que no encajara, que llamase demasiado la atención- le expliqué, mientras miraba a Linnet quien tenía una expresión muy terrible de seriedad en su rostro - Nada en lo particular, con la probable excepción de ese infame asesino al que le llaman Feminys- me contestó Tim, con total tranquilidad aunque hubo mucha indignación al mencionar al asesino de mujeres - Tienes razón, un monstruo sin lugar a dudas- asentí, sintiéndome también muy indignado ante esa situación - Eh oído que Scotland Yard sigue buscando al asesino, pero este no ha dejado ninguna pista- me informó Tim, tranquilamente - ¿Dónde se encuentra ese Scotland Yard joven Steel? – le preguntó Linnet, con bastante interés - Por favor Linnet, llámeme Tim, los amigos de John son mis amigos- luego sacó del bolsillo de su pantalón una tarjeta, con la dirección de Scotland Yard- aquí se encuentra pero, por favor, le ruego que no se acerque allí. En ese lugar no solo se encuentran los más famosos detectives de Londres, sino que también se encuentra la escoria de nuestra sociedad - No te preocupes por mí, Tim, sé cuidarme sola. Vámonos John- le respondió Linnet, quien ya se estaba yendo nuevamente a la puerta con un paso rápido e incluso algo firme - Discúlpame Timmy, es que un amigo suyo desapareció los otros días y es por eso que ella se encuentra aquí- me disculpé nuevamente al ver aquella actitud tan poco natural en una dama de fina estampa, como lo era Linnet en ese momento - ¡Qué dama tan valiente!- exclamó mi amigo con un suspiro de enamorado - Tú no sabes cuánto- murmuré mientras nos retirábamos. 3 Mientras salíamos de la casa de mi amigo, no pude evitar observar cuan sonrojada se encontraba Linnet. - Tu amigo es muy bueno al elogiar a una dama- observó con cierto agrado- pero por desgracia no sabe nada de lo sucedido - Pensé que las mujeres en tu mundo eran las que elogiaban- le recordé, con una sonrisa traviesa - Un halago siempre será bienvenido, sin importar de que sexo seas. A todos nos gustan que nos hablen de forma cariñosa- me respondió ella, con cierta mirada soñadora que hizo que me sintiera celoso. Sorpresivamente la mirada de Linnet se volvió a endurecer y dijo- será mejor que nos dirijamos a Scotland Yard a buscar respuestas - Quizás yo deba hablar allí Linnet, ellos no serán tan caballerosos contigo como lo fue mi amigo- le pedí sintiéndome un poco preocupado por lo que pudiese pasar allí - No te preocupes por ello John, dudo mucho que sepan lo que buscamos- me aseguró Linnet con una sonrisa de autentica seguridad. 4 Cuando llegamos a Scotland Yard, Linnet me contó su plan. Después de explicármelo entramos al edificio. Allí dentro se oía a los policías ir y venir de un lado a otro, también se escuchaban a algunas personas, detectives creo, hablar del reciente asesinato de Feminys: Una joven institutriz, que había sido cruelmente masacrada. Intenté ahogar mi exclamación de sorpresa pero mientras me quedaba por allí, sentado en un banco de madera, Linnet empezó a moverse de un lado a otro en el pasillo de la entrada. Sorpresivamente exclamó: - ¡Ohhh!- para después poner su muñeca sobre el rostro y desmayarse. Fue tan buena su actuación, que el bravo policía que se encontraba en la mesa de entradas, al verla, exclamó con verdadera preocupación: - ¡Señorita! ¡¿Se encuentra bien?! - ¡Por todos los cielos! Linnet ¡¿Te encuentras bien prima?!- le pregunté, acercándome a ella con algo de autentica preocupación y temor - Si- me respondió con una voz cansada y soñolienta- solo sentí que me faltaba algo de aire - ¡Por favor señores soy médico! ¡Déjenme pasar!- nos pidió un hombre calvo alto y largo con una expresión severa en su rostro- o por lo menos lo era antes de trabajar aquí En ese momento fue que conocí al detective Ray Kingswolf, uno de los sabuesos más peligrosos e inteligentes del Scotland Yard. 5 El detective Kingswolf se agachó sobre el cuerpo de Linnet y puso su cabeza en el pecho, intentando oír su corazón. Se levantó diciéndonos con una potente exclamación: - ¡Atrás todos! ¡Está teniendo un paro cardiaco! - Oh mierda- susurró Linnet, al parecer era algo difícil decirle al detective que ella ya estaba muerta desde hacía mucho - ¡Atrás he dicho!- volvió a gritar, colocando sus dos manos sobre el pecho de Linnet y empezando a empujarlas, haciendo los movimientos cardo respiratorios. Lo que significaba que tomaría sus dedos sobre la nariz de Linnet y la “besaría” en la boca, para darle oxigeno. Yo me indigné ante tal hecho. Esta nueva técnica médica era demasiado atrevida para mi gusto y toda la situación era bastante surrealista. - ¡Late ya! ¡Maldita sea!- volvió a gritar Kingswolf mientras repetía su accionar, el cual era: oír el corazón, tratar de activarlo con un masaje y, claro está, el beso de la vida. Esta situación era demasiado para mí, cuando de pronto Linnet se incorporó y abrazó al detective mientras le decía: - ¡Gracias doctor! ¡Me ha salvado la vida! Ahora, por favor, déjeme incorporarme - ¡Pero señorita! Usted ha estado a punto de morir, no puedo dejar que se retire sin que antes le dé un chequeo médico- insistió el detective Kingswolf - Yo la acompañaré al hospital más cercano- me ofrecí con la mayor rapidez posible- ella es mi prima así que no hay ningún problema - Está bien muchacho- asintió el detective Kingswolf mientras le decía al oficial que se encontraba a su lado- busque ahora mismo un carruaje y lleve a la señorita, junto a su primo, al hospital más cercano ¡Muévase! - ¡Si señor!- exclamó el oficial, corriendo hacia donde se encontraban los carruajes de la policía - Me quedaré por aquí mientras tanto- nos tranquilizó Kingswolf sentándose en el suelo, pudiendo suspirar de alivio - Doctor usted es muy atento- le agradeció Linnet, con una sonrisa tierna bien actuada - No soy doctor, señorita, antes lo fui pero ahora soy el detective Ray Kingswolf del Scotland Yard- se presentó el detective Kingswolf formalmente, sintiendo un leve escalofrío correr por mi espina dorsal al oírlo identificarse delante de ella
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