En 1940 Las horas pasaban y el frío se hacía cada vez más presente. El miedo de Ken aumentaba conforme iba pasando el tiempo, puesto que sabía lo peligroso que eso era para las heridas de Alex. No podía quedarse allí mirando como moría lentamente, debía ayudarlo, y sin importar lo difícil que fuera para él. Necesitaba meterse en la cabeza que solo lograría salvarle la vida si conseguía ayuda yendo hasta el fuerte aliado, ese en el cual se encontraban los compatriotas luchando en combate por esa idea que ellos abandonaron por amor. Pero ahora no existía lugar para mensajes emotivos, ni tampoco frases bonitas de sentir nacionalista. En ese momento se trataba de salvarle la vida al hombre que hacía la de Ken en todos los sentidos posibles. En ese momento comprendió que sólo existía una peque

