Marieth se acercó a él con una sonrisa calculada, pero algo en su interior le decía que su desconcierto podría ser peligroso La confusión en su mente creció, como si estuviera atrapado en una niebla espesa. Su cuerpo continuaba reaccionando sin control, y aunque una parte de él aún trataba de aferrarse a la racionalidad, la necesidad que lo embargaba era más fuerte. En ese instante, todo lo que podía ver era a Marieth, como si ella fuera la única solución a la tormenta que lo desbordaba. La lógica y la cordura se desvanecieron, y en su lugar, solo quedó un impulso primitivo que lo arrastró hacia ella una y otra vez, buscando una salida a la presión que lo consumía. Después de un rato, Marieth se quedó observando a Arthur con una sonrisa satisfecha, pero su mente trabajaba a toda ve

