En el convento María de los Pobres, la hermana Caridad, con su mirada de ligera desconfianza y sus labios siempre apretados en una expresión de severidad, hacía las maletas con un aire entre misterioso y ceremonioso. Aunque en el convento había paz cuando ella se ausentaba, las demás monjas no podían evitar cierta curiosidad sobre sus viajes. Era una mujer de carácter intrigante, decorosa en apariencia, pero con una vena rebelde que asomaba en los detalles más insospechados. Caridad era susceptible y problemática, siempre juzgando con una mirada crítica todo lo que a su parecer rompiera con la solemnidad y orden del convento. Sin embargo, la curiosidad sobre su destino de vacaciones se acrecentaba en el convento. —Un mes con su hermano… —susurraban. Nadie sabía mucho sobre él, sal

