Juliette estaba cómoda en la sala, rodeada de revistas médicas y su laptop abierta con múltiples pestañas de artículos interesantes. Había pasado casi 20 días en la casa y empezaba a sentirse un poco orgullosa de sí misma. «Voy a llegar a los tres meses, lo sé», pensó, mientras subrayaba algo en una de las revistas. Aunque sabía que su jefe tendría que cumplir la promesa y pagar la colegiatura, calculaba que con lo que le estaban pagando podría cubrir al menos la matrícula y la primera mensualidad por su cuenta. No estaba mal para un trabajo que consistía en sobrevivir a dos niños traviesos y a un jefe malhumorado. Mientras tanto, Asher y Samantha conspiraban en su habitación. La aparente tranquilidad de los últimos días no era más que una pausa estratégica. Asher, echado en su cama,

