A la mañana siguiente, luego de regresar del colegio y dejar a los chicos, Juliette estaba en la sala leyendo una revista de medicina, intentando desconectar su mente de la noche anterior con Sor Caridad y el exorcismo improvisado. Aún no había podido hablar con la monja, quien parecía estar evitándola deliberadamente. Cuando el timbre sonó, Juliette frunció el ceño y dejó la revista sobre la mesa. Dado que Sor Caridad no aparecía por ningún lado, no le quedó más remedio que ir a abrir la puerta ella misma. Al abrir, se encontró con un chico alto y bronceado, vestido solo con una franelilla blanca que dejaba al descubierto los músculos marcados de sus brazos. Llevaba el cabello despeinado y una sonrisa descarada que la hizo sentirse un poco incómoda. La miró de arriba abajo con una

