Marieth, con el pulso acelerado, su mirada se fijó en el rostro de la joven en la imagen, y sin pensarlo dos veces, estrelló su copa de whisky contra el suelo, haciendo añicos el cristal. —¡Arthur, eres un imbécil! —soltó, casi en un grito—. ¿No te das cuenta de que la única que necesitan en sus vidas soy yo? Marieth, además de ser la directora ejecutiva de la empresa Orión, vivía obsesionada con Arthur, dedicando su tiempo y esfuerzo a cuidarlo en cada detalle. Era quien cada mañana se encargaba de que su café tuviera el nivel exacto de amargor que le gustaba. También elegía su ropa y la de los niños, pidiéndola directamente de revistas exclusivas, asegurándose de que lucieran impecables. Con una cuenta de dinero ilimitada, cubría el colegio de los chicos, sus clases extracurricula

