La mañana después de la fiesta en la mansión Salamanca, Arthur Thorner apareció en la entrada de la misma con una expresión tan severa que la empleada que abrió la puerta dio un paso atrás, sorprendida. —Busco a Javier Santiago. —La voz de Arthur era firme, casi cortante. La empleada asintió, titubeante, y lo dejó pasar. Javier no tardó en aparecer en el vestíbulo, con el rostro aún algo cansado de la noche anterior. Pero en cuanto vio a Arthur en su puerta, algo dentro de él se tensó. —Vaya, Thorner. ¿A qué debo el honor? —dijo Javier, con una sonrisa falsa mientras cruzaba los brazos frente a él. Arthur no perdió tiempo con formalidades. Dio un paso adelante, lo suficiente para que su imponente figura redujera la de Javier. —Espero que esta sea la última vez que molestas a Juliett

