Marieth marcó el número de su madre con dedos temblorosos, el teléfono parecía pesarle más de lo normal. En cuanto escuchó la voz severa de doña Roberta al otro lado de la línea, soltó un suspiro frustrado. —Mamá, mi plan no funcionó —dijo Marieth con evidente irritación—. Esa niñera logró que Arthur asistiera al evento. ¡Al evento, mamá! Y encima, llevó a los niños y hasta Aurora está ahí, como si fuera una fiesta de sociedad. Hubo un momento de silencio, luego la voz de doña Roberta llegó clara y firme. —Eso te pasa por hacer planes mediocres, hija. Ya te lo dije: estás actuando como una aficionada. No sé por qué insistes en no escuchar mis consejos. Marieth apretó los labios, sintiendo cómo la rabia la invadía otra vez. —¡Porque tu consejo es demasiado arriesgado, mamá! Si hago lo

