CAPÍTULO 21 PRESIÓN Los guardias de David me llevaron hasta la casa, mientras me seguían yo los miraba con enfado, uno de ellos me tomó del brazo y me jaló hasta el despacho de David. –suéltame– le grité. —Lo siento señora, tan solo cumplimos con las ordenes del patrón— Fue la respuesta del señor mayor, no sabia su nombre ya que no lo había considerado importante, acomode mi blusa y cerré la puerta en su rostro, cuando di vuelta, mi esposo estaba de espaldas frente al ventanal de vidrio. —¿Qué sucede David? –Me acerco a él– veo que ahora me tratas como si fuese una fugitiva o una delincuente. –Le refuto con enfado– —Muestras ese comportamiento; te escapas, no asistes a la consulta con la doctora, no respondes a mis llamadas. ¿Qué podría pensar amor? –Voltea y su mirada se clava con

