—“yo… yo la verdad es que no lo sé, no recuerdo, estaba borracha y esa noche hable con muchas personas, entre ellas hombres, en serio no logro recordar”
“mi padre” estaba rojo de la furia, cerré los ojos rogando a dios que me creyera mi excusa
—“yo tome unas copas de vino esa noche, y creo que tome de más no lo sé”
—“¿es que acaso eres una ramera?, maldita sea, como carajos no ibas a poner atención, ¿Qué haremos ahora?, no podrás casarte, serás la deshonra de la familia”
No sabía que decir, sus gritos eran estridentes, ni ahora ni en mi vida anterior sabia como llevar estas situaciones, no me gustaba que me gritaran y siempre que lo hacían tenía ganas de llorar, no sabía que decirle y eso me enojaba tremendamente, apretaba mis puños fuertemente, amaba algunas cosas de esta época sin embargo en momentos como estos odiaba el maldito pensamiento de la época, no entendía como alguien podía ser tan retrógrada, ¿si fuera un hombre sucedería lo mismo?, ¡pues claro que no¡
—“¿Qué no vas a responder?”
El maldito viejo daba vueltas por el salón pensando, mientras yo solo lo miraba, mordí mi dedo, suspire, sabía que tenía a Jonathan y que no habría problemas si me casaba con él, sin embargo no era lo correcto, si bien Jonathan me atraía terriblemente y no podía negar que estar a su lado me producía un sentimiento cálido, no lo amaba, aún no lo conocía, no conocía sus comportamientos fuera de la cama ni sabía si realmente nos entendíamos, yo era una chica con un pensamiento muy avanzado para esta época, no sabía si él podría entenderme, no definitivamente tendría que esperar a conocerlo mejor, y si las cosas resultaban, todo sería perfecto.
—“¿sabes qué? No puedo enviarte a un psiquiátrico, tendrás que pasar por exámenes y demás, es mucho tiempo no puedo esperar, necesito solucionar esto lo más pronto posible… está decidido, mejor te irás a servir a dios, te convertirás en monja, es mucho más creíble y poder hablar con el padre mañana en la mañana.”
¡Que ¡¿este viejo estaba loco? Definitivamente no me convertiría en una monja, yo no podía ser una monja, no tenía nada en contra de ellas, pero definitivamente no era lo que yo esperaba, ahora que había descubierto los placeres del sexo no los iba a abandonar, además yo tenía planes de viajar y seguramente encerrada en una iglesia no lo iba a hacer… diablos, tenía que hacer algo…
—“no, padre por favor no, yo lo solucionaré”
—“¿a si y como piensas solucionarlo?”
Lo primero que debía hacer era mantener una actitud sumisa, de ahora en adelante tenía que tener cuidado, tal vez y si ganaba tiempo, podría escapar en un mes o dos, tenía que conseguir dinero.
—“yo recuerdo vagamente sus facciones y el color de sus ojos, además del tono de su voz, si usted me da un poco de tiempo, yo podría encontrarlo, seguramente era un noble y por lo general estos asisten a fiestas, yo lo encontraré en la próxima fiesta, y lo traeré”
El maldito viejo pensó por unos segundos hasta que por fin asintió, solté el aire que tenía retenido desde que dijo que me enviaría a la iglesia.
—“la próxima fiesta será en dos meses tienes hasta esa fecha, para traerlo ante mí, y si no ya sabes cuál será tu destino, ahora retírate”
Me fui inmediatamente a mi habitación antes de que cambiara de opinión, al entrar en mi habitación me quite el vestido y me acosté, la verdad es que estaba terriblemente estresada, tome la carta que antes había dejado en la cama y la volví a leer, el aroma de la carta nuevamente me hizo recordar a Jonathan, todos estaban dormidos y el silencio reinaba por todo el lugar.
Comencé a recordar los besos de Jonathan y como me hacía sentir cada vez que teníamos sexo, recordaba como pasaba sus manos por mi pecho apretando, el olor de la carta no hacía nada más que hacerme sentir excitada, me sentía terriblemente caliente, odiaba no tener a Jonathan a mi lado, o en su defecto un vibrador, no creía que en esta época existieran, comencé a pasar mis manos por mis pechos, retorciendo mis pezones, recordaba las manos de Jonathan haciendo lo mismo, sentía mis bragas mojadas, baje lentamente mi mano tocándome suavemente, intentaba esconder mis gemidos temiendo que alguien los escuchara, comencé a acariciar mi clítoris en círculos, me sentía tan bien mientras lo hacía, mis gemidos cada vez se escuchaban más fuerte y sentía mi corazón palpitar, metí dos dedos, haciendo un vaivén con ellos, sentía como el orgasmo se acumulaba en mi vientre ¡dios! Esto se sentía tremendamente bien, presione mi punto G con los dedos mientras que con mi otra mano tocaba mis pechos, imaginaba a Jonathan haciéndolo por mí, besando mi cuerpo, empotrándome contra la pared, de pronto gemí fuerte al sentir el orgasmo culminar, mis piernas temblaban, y todo a mi alrededor daba vueltas, y aun que de alguna manera me sentía bien, me faltaba algo y ese era Jonathan, lo dejaba, tenía ganas de ir con él, sin embargo no podía mañana debía preparar el vestido para la fiesta, además debía acompañar a Liria, esta deseaba que la acompañara a la hora del té, estaba emocionada, nunca había tenido una hermana, poco a poco fui cerrando los ojos, me sentía cansada…
Narrador omnisciente
en una habitación oscura se encontraba una persona planeando su próximo atentado contra Sarah.
—“¡maldita perra! Aun no entiendo como sobreviviste, se suponía que debías morir, el estúpido vendedor de venenos dijo que ese era el más efectivo, necesito matarla”
Aquella persona odiaba a morir a Sarah odiaba su manera de ser, odiaba que fuera donde fuera ella brillaba, la odiaba desde aquel día en que la había dejado sola a su suerte, la odiaba porque desde su perspectiva Sarah le había quitado todo lo que le pertenecía, pero esto no iba a durar mucho, no iba a dejar que esta siguiera destruyendo su vida, no quería ser más su sombra.