—¿Qué pasa con Ramiro y Víctor?— Pregunté. —Ambos viven en cabañas separadas en la propiedad. Hay diez casas en total. Reservamos la mayoría de ellas para los guardias, jardineros, conductores y demás personal de mantenimiento. Adonis tiene mucho cuidado con quién entra en la propiedad, y controlamos de cerca a todos los que viven aquí. No estaba segura de si era una afirmación o una advertencia, así que me limité a asentir. El teléfono de Adán sonó y él miró la pantalla. El Adán juguetón había desaparecido y su actitud había cambiado a la de un hombre de negocios. —Vamos a tener que posponer ese orgasmo. ¿Qué tal si te busco más tarde? Puedes ver una película con Andrés y conmigo, y si te apetece, quizás unirte a nosotros. —Por supuesto. Mi trabajo era servirles y hacer lo que quisie

