Mis pies golpearon la alfombra de felpa cuando Ángelo me dejó en su dormitorio y cerró la puerta con un sonoro chasquido. Cada nervio me chisporroteaba de excitación mientras mi mente evocaba todas las cosas perversas que quería hacer con Ángelo De la Cruz. El sexo de sábanas, de derretirte el cerebro, era lo primero de la lista. Ni siquiera se había quedado sin aliento después de subirme las escaleras, lo que parecía presagiar una noche de sexo maratoniano. Si su resistencia en el auto había sido un indicio, tal vez fuera yo la que pidiera un descanso. Una sonrisa curvó mis labios. —¿En qué estás pensando?— La profunda voz de Ángelo penetró en mis pensamientos. Debatí sobre mentirle y decirle que no era nada, pero eso seria trillado, y después de esta noche, los juegos parecían una ton

