—Espero que hayan aprendido la lección —dijo Aleksei, guardando el arma de nuevo en su chaqueta. Boris, a su lado, se sentó en silencio. Aleksei caminaba en silencio mientras el eco de sus pasos resonaba en la bodega. Boris, ahora dócil, lo seguía con una calma que contrastaba con la violencia que acababa de desatar. El perro caminaba a su lado, como si no hubiera asesinado a esos hombres. El contraste entre la bestia que devoraba y el compañero leal que caminaba ahora a su lado era una metáfora viva del control absoluto que Aleksei ejercía, sobre todo. Antes de salir, Aleksei se volvió hacia Dmitry. —Que limpien este desastre —ordenó con frialdad. No había rastro de emoción en su voz, como si lo ocurrido fuera un trámite más en el día a día de la Bratva. Dmitry asintió, sabiendo exac

