—Lo único divertido aquí es verte perder la cabeza por un maldito collar —dice con un tono burlón, cruzándose de brazos. Estoy tan cerca de ella ahora que casi puedo sentir el calor de su piel a través de la tela de su maldita lencería. Pero no puedo dejar que esto me distraiga. Este no es el momento para perder el control. Aunque una pequeña parte de mí quiere lanzarse sobre ella. —Si no lo sedaste —insisto, mi voz baja y peligrosa—, ¿cómo lo lograste? —preguntó apretando los labios, con un tono más grave. Ella me mira como si hubiera dicho la cosa más estúpida del mundo. —Tal vez, porque a Boris e gusto más que tú —dictamina elevando su barbilla, volviendo a retarme la condenada. No puedo evitar soltar una carcajada amarga. El veneno en sus palabras no me afecta como ella piensa que

