—Solo necesito llevar algunas cosas importantes —dijo Nyx, más para sí misma que para su madre—. No voy a ceder a todo lo que él quiera, mamá. No soy una muñeca —advirtió y Kath pensó que no esperaba menos de su hija. Kath sonrió suavemente, viendo en Nyx la misma fortaleza que había visto en ella misma cuando era joven. Aunque Nyx era más desafiante, más indomable, el fuego que ardía en ella le recordaba a su propia juventud. —Toma lo que necesites, pero no olvides que lo más importante es mantenerte fuerte —pidió su madre. Nyx asintió sin responder, sacando una pequeña maleta del armario y comenzando a meter dentro algunas prendas. Solo lo esencial, nada más. Mientras lo hacía, miró hacia el perchero donde colgaban algunos moños que usaba para adornar a Ravenna, su cuerva. Su madre ha

