El salón se vaciaba poco a poco mientras la noche, cargada de tensión y sangre, finalmente había llegado a su fin. Afuera, el aire fresco era un contraste absoluto con el caos que había reinado horas antes. Aleksei tomó la mano de Nyx mientras la conducía hacia la camioneta negra blindada que los esperaba. Ella caminó despacio, cansada pero serena, con una pequeña sonrisa dibujada en los labios. Las luces de los vehículos de seguridad parpadeaban en la oscuridad, y los hombres de Aleksei se movían con eficiencia, asegurándose de que todo estuviera bajo control. Al llegar a la camioneta, Aleksei soltó la mano de Nyx solo lo suficiente para abrir la puerta del lado del pasajero trasero. —Sube —dijo con voz firme, pero con una suavidad que Nyx reconocía como algo reservado solo para ella.

