Aleksei se recargó en el respaldo de su asiento, manteniendo su mirada fija en Irina. Nunca nadie se atrevía a interrumpir sus conversaciones, los empleados de su mansión solían servir en silencio y solo hablaban cuando él o pedía. Sin embargo, al escuchar a Irina no le ordenó que saliera de ahí, tampoco la reprendió por entrometerse en tan importante intercambio con el mexicano, por el contrario, escuchó lo que tenía que decir. Tal vez era por la lealtad que la muchacha había mostrado en ese tiempo, quizá porque parecía que tenía información valiosa, o talvez, porque se había percatado que ella era la única empleada que le agradaba a su prometida. La tensión se hizo notoria entre los tres, como si se encontraran al borde de una revelación que nadie había anticipado. Iván, el mafioso mex

