Aleksei observó la piedra preciosa que tanto admiró el mexicano. No había mentido, darle a Nyx Brown una joya menos valiosa, habría sido un insulto, l ruso no mintió cuando dijo que Nyx no merecía menos. Él se levantó de la silla. Sin decir más, soltó la mano de Nyx para apretarla a su cintura y cuando la tuvo lo suficientemente cerca para que no pudiera respirar otro aire que no fuera el suyo, la besó en los labios. Fue un beso que llegó con la misma intensidad que ese que le dio en su habitación. El ruso introdujo su lengua en su boca y lamió la suya, hurgó cada rincón del interior de su boca y mordió su labio. Tirar del labio inferior de Nyx era algo que comenzaba a fascinarle. Su textura era exquisita, su grosor el adecuado y ese gemido que arrancaba de su garganta cuando tiraba con

