—No te preocupes —respondió Nyx en un tono casual, moviendo la mano en un gesto de indiferencia—. El resto puede seguir trabajando. Terminen antes de que su amo llegue. Todo tiene que estar perfecto —culminó observando los detalles que hacían falta. Irina asintió, aliviada por la calma de Nyx. Pero, por dentro, Nyx ya había tomado una decisión. La actividad en la mansión se intensificó. Sirvientes movían muebles de un lado a otro, quitaban las cortinas oscuras y colocaban otras nuevas, mientras que jarrones llenos de flores frescas eran distribuidos estratégicamente por los pasillos y las habitaciones. Todo estaba cambiando bajo la supervisión de Nyx, quien caminaba con aire calculador, observando cada detalle, dando una indicación aquí y allá, pero sin perder de vista el objetivo mayor.

