Nyx frotó sus brazos ante el escalofrío que sintió solo de recordarlo. Y el aroma de la colonia del ruso impregnada aún en su habitación, no lo hacía más fácil. Ravenna graznó al salir de la jaula para colocarse en el respaldo de la cama. Desde ahí observó a Boris, parecía agradarle. El perro se giró hacía el ave y la miró fijamente. —Micha, no es comida —advirtió Nyx, aunque el perro no se veía interesado en devorarla. Nyx avanzó hasta el enorme vestidor, que ahora estaba lleno de todas las prendas que había comprado con la tarjeta de Aleksei. Se retiró el sexy conjunto que pareció despertar el deseo del ruso y se colocó una pijama. Después sacó de uno de os cajones una caja de madera, la abrió y admiró el costoso Rolex que había comprado para él. —Para qué le compre un reloj —dij

