Cuando Nyx vio a Dmitry avanzar hacia ella, notó cómo sus ojos se detenían brevemente en Boris. El gran perro, que normalmente mantenía una postura intimidante, yacía tranquilamente a su lado, su collar rosa brillando al sol. Fue apenas un segundo, pero el ceño de Dmitry se frunció al verlo. Aunque no dijo nada, Nyx captó la sombra de su desaprobación en esa mirada. La incomodidad en su rostro no era difícil de interpretar. No le agradaba lo que estaba viendo. Nyx levantó una ceja, sintiendo la tensión en el aire. Dmitry avanzó un paso más, y cuando sus miradas se cruzaron, él fue el primero en romper el silencio, su voz profunda y con un marcado acento ruso que no ocultaba, aunque hablaba su idioma perfectamente. —Soy Dmitry Antonov, la mano derecha de Aleksei —dijo, manteniendo su mi

