—Micha —dijo ella usando el apodo con el que a veces llamaba a su ave—. ¿Qué crees que habrán dicho? —murmuró, sintiéndose vulnerable ante el silencio en el lugar. La cuerva graznó, como si intentara consolarla, pero su presencia no podía ahuyentar la incertidumbre que la envolvía. —Es insoportable —dijo Nyx a Ravenna quien ladeó un poco su cabeza, ella no parecía estar de acuerdo. —¿No me digas que te gusta la bestia esa? —preguntó Nyx frunciendo el ceño. Rehusándose a que Ravenna sintiera cualquier tipo de atracción por el ruso. A pesar de todo, Nyx decidió no dejar que la preocupación la consumiera, tomó la jaula de Ravenna y se sentó colocándola en el asiento de junto. De repente, una azafata apareció, interrumpiendo sus pensamientos. —Señorita, el Señor Ivanov le envía esto —dijo

