El salón de la mansión de Aleksei era un espacio grande y majestuoso, adornado con candelabros de cristal que reflejaban la luz en un juego de sombras y destellos. Los suelos de mármol pulido resonaban con cada paso, creando un eco que se perdía en la profundidad del lugar. Los sirvientes, vestidos con trajes oscuros, se alineaban a lo largo de las paredes, observando con miradas atentas y curiosas a la joven que había cruzado la puerta. Nyx, sintió el peso de las miradas, mientras avanzaba detrás de Aleksei. Aunque su corazón latía con fuerza, se mantuvo erguida, tratando de proyectar una imagen de confianza. A medida que se acercaban, pudo notar las expresiones en los rostros de los sirvientes: una mezcla de sorpresa y curiosidad. Nyx no lo sabía, pero Aleksei nunca había llevado a una

