Valentina soltó una carcajada, cubriéndose la boca con la mano. La risa era contagiosa. Irina, escuchó la conversación y no pudo evitar sonrojarse, llevándose una mano a la boca para reprimir la risa que amenazaba con escaparse. Irina era joven, con mejillas siempre rosadas y en el poco tiempo que llevaba Nyx ahí, había mostrado una lealtad inquebrantable. Siempre estaba por ahí, escuchando y atendiendo sus necesidades. —Oh, no me vengas con eso, Nyx. Ya sé que estuviste con el ruso. —Valentina se detuvo, y sus ojos chispearon de diversión—. ¿Te ha dejado en ese estado nuestro querido mafioso implacable? —preguntó en un tono más bajo, como si era a escucharla. Nyx se detuvo de nuevo, con un rubor subiendo por su cuello mientras intentaba mantener la compostura. Al final, se rindió y sol

