— Razvyazhi menya, Boris (Desátame, Boris) —murmuró en ruso, con la desesperación y el deseo de libertad empapando sus palabras. Pero el perro no reaccionó como esperaba. En lugar de ayudarla, Boris parecía bastante contento de verla en esa posición. Se acercó a la cama con paso tranquilo, sus patas pesadas resonaron en el suelo. Nyx se tensó, una oleada de molestia comenzó a recorrerla, pero en vez de liberarla, el perro subió a la cama con facilidad, su cuerpo enorme y musculoso haciendo crujir el colchón bajo su peso. El sonido era casi irónico, y Nyx, furiosa, no pudo evitar resoplar. Boris, sin ningún interés en la angustia de la humana, se acomodó encima de la cama, deslizándose junto a ella. Al principio, Nyx no entendió lo que sucedía, hasta que el perro, con su gran cabeza, se a

