Morelos, México . La habitación principal de la hacienda estaba sumida en el silencio, un contraste con el bullicio de la vida diaria en el extenso terreno. Irina se encontraba en el centro de la estancia, con las manos entrelazadas frente a su pecho, mirando a través de las cortinas entreabiertas. Desde su llegada, la joven rusa había sentido que la hacienda era más una prisión disfrazada de lujo que un hogar. Y ahora, la noticia del regreso de Iván Reyes la mantenía en un estado de alerta constante. El mafioso mexicano, conocido no solo por ser el rey del tráfico de diamantes en América Latina, sino también por su temperamento implacable, había dejado claro que ella ocuparía su cama, sin embargo, para fortuna de Irina él había tenido que partir de improviso. No obstante, Irina contab

