Con la precisión de alguien acostumbrado a las operaciones sigilosas, colocó su mano sobre la boca de Valentina, cubriéndola con firmeza, pero sin lastimarla. —No grites —ordenó en un susurro. Sin embargo, lo que no esperaba era que Valentina se despertara como un resorte. Sus ojos se abrieron de golpe y, en un movimiento reflejo, su puño voló directo al rostro de Dmitry con más fuerza de la que aparentaba tener. Dmitry ahogó un gruñido, doblándose ligeramente por el impacto. Valentina, al darse cuenta de lo que acababa de hacer, se incorporó rápidamente en la cama. —¡Oh, no! ¡Lo siento, lo siento! —susurró apresuradamente, levantando las manos en señal de disculpa—. ¡Pensé que eras otra persona! —dijo al ver a Dmitry con la mano en el rostro a causa del impacto. Dmitry se enderezó l

