—¿Estás bien? —le pregunto, mi voz más suave de lo que esperaba. Me doy cuenta de que no me puedo concentrar, porque tengo que asegurarme primero de que ella esté a salvo. Nyx asiente, aunque su mirada sigue fija en el desastre que nos rodea. El caos sigue inundando el salón. El sonido de los disparos, los gritos y el eco de los cuerpos cayendo al suelo crean una sinfonía de muerte que me impulsa a mantenerme alerta. Mi mente está enfocada en proteger a Nyx, pero la amenaza parece multiplicarse con cada segundo. De repente, un tirón en el brazo de Nyx me hace girar con rapidez. Un hombre, cubierto de n***o, la sujeta con fuerza, intentando apartarla de mí. Sus ojos están llenos de una intención que no necesito analizar; es un maldito que no sabe en qué clase de infierno se acaba de mete

