Tenía miedo, hubo una fuerza en él que me pegó contra la pared de una vez y en las afueras lo esperaban su otro grupito. —Quiero que me sueltes, Aramis te va a cortar la cabeza —él acercó sus colmillos a mi cuello —¡No me toques! ¡No soy una presa tuya! —Ese perro mojado no va a venir a decir que puedo hacer y que no, debió pensar abrir un hotel donde los humanos pasean tan libremente. —¡ARAMIS! Sentí que el colmillo entró un poco en mi cuello y una gota de sangre deslizarse. Estaba lista para ser mordida, ya que mis fuerzas no llegaban a tanto. Tenía los ojos cerrados, pero de repente la presión en mi cuerpo se liberó. Miré que Aramis se encontraba en su forma de lobo y en la puerta los amigos de este tipo estaban noqueados. —Aramis —él me miró de lado y vio la gota de sangre desliza

