Olivia tenía el orgullo herido; podía verlo claramente en su mirada. Jamás habría imaginado que Aramis la rechazaría de manera tan tajante, y ese desprecio parecía consumirla por dentro. —Ya conocen mi respuesta —dijo Aramis con firmeza—. No pienso seguir en el consejo. Sé muy bien lo que es una vida sin Dagny, y créanme, es una tortura lenta e insoportable. —¿Estás seguro de lo que dices? —preguntó Olivia, con un tono de incredulidad, pero su voz temblaba ligeramente—. Sabes que las consecuencias de esto pueden ser fatales para tu manada. —De mi manada me encargo yo —replicó Aramis, sin titubear—. No pienso hacerte mi luna solo por amenazas vacías. Si no lo consideré antes, mucho menos lo haré ahora que Dagny ha vuelto a mi vida. Ella sostiene mi mano con fuerza, y no necesito nada más

