Tiempo después, narra la autora. El aire estaba impregnado con el humo de la hoguera, denso y cálido, mientras el crepúsculo caía lentamente. Las sombras danzaban a su alrededor, pero Dagny apenas las notaba. Todo lo que sentía era el peso de lo que estaba por ocurrir. Aramis estaba frente a ella, al otro lado del círculo ceremonial. Su figura alta y esbelta destacaba entre las llamas que crepitaban entre ellos, y aunque su expresión era serena, Dagny conocía cada una de las tormentas que él ocultaba detrás de aquellos ojos oscuros. La certeza del destino y el peso de las expectativas no suavizaban el tumulto que sentía en su propio pecho. El manto de seda azul oscuro que vestía parecía flotar a su alrededor con cada paso que daba. Al avanzar, el círculo de espectadores se desvanecía a
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