Thiago me acompañó hasta donde Caleb me esperaba; mi sexy rubio de ojos oscuros me esperaba en una mesita cerca de un gran ventanal, con dos cafés. Suspiré y sonreí en cuanto le vi, pues se encontraba con su mirada clavada hacia la entrada de la cafetería, su mandíbula estaba apretada y su ceño levemente fruncido, era como si temiera que no llegara. En cuanto su mirada se cruzó con la mía, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, la cual se borró en cuanto miró a Thiago a mi lado. Le sonreí y asentí, tratando de transmitirle paz con ello, lo cual lo comprendió pues sus expresiones se suavizaron. Él se puso de pie y esperó a que termináramos de acercarnos. Thiago extendió su mano hacia Caleb, quien la tomó y la sacudió un par de veces. —Me da mucho gusto verte, Caleb —arguyó Thiago,

