—Quiero llevarte a un lugar especial —me dijo Caleb después de besarme cuando me encontré con él en la calle. Lo abracé por la cintura y levanté mi cabeza para poder mirarlo. Era sábado por la tarde, y en la mañana me había escrito diciéndome que quería salir conmigo en horas de la tarde, según me había dicho, quería mostrarme algo, lo que me ponía muy ansiosa al no saber a qué se debía tanto misterio. —¿Ah sí? ¿Y cuál es ese lugar? —le pregunté. Él me guiñó un ojo y arrugó su nariz. —No seas ansiosa, pronto lo sabrás. Resoplé. —Soy la madre de tu hijo, deberías de dejar los misterios. Bajó su cabeza, depositando otro beso sobre mis labios. Se le veía emocionado, tal y como si fuese un niño con un juguete nuevo. —Venga, vamos —musitó, tomándome de la mano para dirigirme a su coche

