NARRA CLAIRE Desperté con la alarma del reloj electrónico de la mesa de noche. Lo apagué y me estiré para desperezarme, aunque se me dificultó, ya que mis piernas estaban enredadas con las largas piernas de Zachari. Lo observé un rato mientras seguía dormitando. Se veía tan lindo, tan tierno. Aún seguía conservando su cara de niño, después de todo, apenas tenía 19 años. Ser yo la que me había encargado de quitarle la inocencia y sacarlo de la casa de su padre a los 17 años causaba cierto tipo de orgullo en mí, pero me daba un poco de tristeza con Adam. Le había quitado a su niño, pero después de todo, fue él el que convenció a Zachari de que se viniera vivir conmigo. Mientras observaba lo hermoso que se veía Zachari durmiendo, sentí unas nauseas que me hicieron desenredar mis piernas

