Sonrío cuando el viento hace que su libreta casi salga volando. Rapido le hecho un vistazo a lo que escribe, pero es igual de ilegible que su carta. —¿Hay algo que siempre hayas querido hacer, pero que nunca te permitieron? — dice Zah, me agarro desprevenido. Ella acomoda sus hojas. Se encorva un poco y mira lo que escribió por varios segundos. —Sí. —¿Qué te impide hacerlo ahora? — esta vez lo dejo fluir. Al menos él tiene un tema de conversación. —No lo sé... aun...— ella suspira. —Puedes contarme lo que sea, prometo no juzgarte ni contárselo a nadie— digo. —Al fin participas— gruñe Zah. —Escucho su voz, escucho cuando me grita y me...— ella cierra los ojos y de inmediato agarro su mano— tú no puedes entenderlo. —Lo sé, sé que no puedo imaginar lo que sufriste, pero si he

