La mujer resopló, gruñó, negó con la cabeza. —Si al menos tuviera una pareja, quizás… —Buenos días amor, ¿qué ocurre? —Gianna había alcanzado a escuchar parte de la conversación, no iba a permitir que separaran a los pequeños de su padre, ella cuando se trataba de defender a los desvalidos era capaz de cualquier cosa, hasta de actuar por impulso, entonces se aproximó a Joaquin, e hizo lo inimaginable, rozó sus labios con los de él. Joaquin abrió sus ojos, sorprendido, sintió los labios de ella en los suyos, arrugó el ceño, sintió un estremecimiento en el corazón. —Sígueme la corriente —susurró bajito ella al oído de él. —Hola cariño, ¿cómo amaneciste? —respondió Joaquin, la agarró de la cintura y la pegó a su lado. Gianna apretó los dientes, sin embargo, mostró una sonrisa falsa

