—¿Boda? ¿Casarme con su hija? —Joaquin preguntó abriendo sus ojos con amplitud, sorprendido. —Claro, aquí las cosas no funcionan como en su país, si se atrevió a besar a mi hija, así haya sido de broma, debe responder —expresó Franco con la seriedad que lo caracterizaba. Joaquin frunció el ceño, deslizó sus dedos por su oscuro cabello. —Es una locura, para casarse hay que estar enamorado, y eso…en mi caso no es posible, y su hija tampoco está enamorada de mí, ese matrimonio estaría condenado al fracaso. Franco soltó un resoplido, se aclaró la garganta. —Eso debió pensar antes de besarla, y restregarse con ella en el piso de la alcoba, es tarde, y mi última palabra es la boda, así que buenas noches. Joaquin separó los labios, miró cómo los padres de Gianna abandonaban el despach

